Free Web Hosting by Netfirms
Web Hosting by Netfirms | Free Domain Names by Netfirms

      Principal 

 Ponencias

Novedades 2005 Ponencias Notas Propuestas Libros Historia Repertorio Festivales anteriores Fotos

 

FESTIVAL NACIONAL DE TEATROS DE TITERES UNIVERSITARIOS 2001

Espacios para la actividad titiritera

y breve reflexión.

Por Daniel Di Mauro

 

            Tradicionalmente, el espacio natural para los títeres ha sido la plaza, más recientemente las escuelas y por último, tenemos la alternativa de la Sala Estable.

Plazas

            Plazas, parques y bulevares han sido y son los lugares donde con mayor frecuencia se canaliza la acción titiritera ya sea a través de la forma clásica de pasar el sombrero o contratado por alguna entidad pública.

            Es común que los funcionarios culturales prefieran contratar a los titiriteros para estos espacios abiertos ya que de este modo la acción está a la vista del público, pero si la preocupación prevaleciente fuese la de brindar servicio cultural a una mayor cantidad de niños, se haría énfasis en las visitas a las escuelas públicas y si la finalidad estuviese orientada hacia un mejor servicio, de mayor nivel y concepto, se buscarían los medios de equipar salas y de dotarlas tanto de personal capacitado, como de un diseño de acción profesional a la altura de lo que se realiza en las ciudades más importantes del mundo.

            La función de plazas es una actividad de día domingo o feriado y su ventaja radica en el hecho de que por lo general, participa del espectáculo el núcleo familiar en pleno, es decir que toda la familia hace la experiencia y la comparte. La predisposición del espectador no puede ser mejor, ya que paseando por un parque se está ávido de este tipo de manifestaciones espontáneas.

            He aquí un contrasentido: Las entidades culturales arrancan (en su mayoría) las programaciones en los meses de junio o julio, debido a que los presupuestos culturales distribuidos por el CONAC, requieren del primer semestre del año para su tramitación interna. Esto implica que la planificación de actividades casi siempre coincide con el período de lluvias y esto acarrea contratiempos de todo tipo.

Escuelas

            Los títeres en las escuelas representan un paso adelante en varios sentidos. Por un lado, el espectáculo es aprovechado por un número mayor de niños, también influye positivamente el hecho de que es en la escuela donde el niño tiene una mayor disposición a atender ya que contrario a lo que ocurre en las plazas, el niño ya conoce su escuela y por lo tanto hay menos elementos de distracción.

            Si en los parques la experiencia es compartida en familia, en la escuela lo es entre compañeros y amigos, lo cual es igualmente gratificante. El titiritero, en este caso, deberá contar con buenos equipos de sonido, pues estará trabajando para grupos mayores de quinientos niños.

            Algunas escuelas, a través de sus comunidades de padres, se organizan para contratar directamente al artista, pero básicamente, son las entidades culturales gubernamentales las que contratan a las agrupaciones y les organizan itinerarios por las escuelas oficiales.

            Es bueno que sea la escuela la que financie el espectáculo, ya que quien desembolsa el dinero, hace un control de calidad más minucioso y este control ayuda siempre a elevar el nivel de las producciones ya que si el resultado no es óptimo, el grupo no vuelve a ser contratado.

            La experiencia me dice que muy pocas vivencias infantiles son tan profundas como una función de títeres y bueno es orientar a los maestros para que aprovechen la motivación de sus alumnos luego de una representación, realizando tareas de tipo creativo. Si el maestro es de los bueno, sólo se dará cuenta del cambio que se ha operado en sus alumnos luego de jugar intensamente con los guiñoles.

Sala Estable

            Esta es una instancia superior del oficio del titiritero, ella exige una atención mayor de todos los aspectos que componen el rudimento de esta profesión: estético (en el diseño de sistemas de iluminación, en la elaboración de escenografías, utilería, etc.), actoral (debiendo el manipulador, compartir el espacio con otros actores y precisando movimientos que exigen coordinación y destreza), técnico (con la incorporación de equipos sofisticados de iluminación y sonido) y de organización (la Sala Estable exige mucha atención en las programaciones así como en un sinfín de actividades que se desprenden de su quehacer cotidiano: biblioteca, sala de exposiciones, taller de producción, talleres de libre expresión infantil, mantenimiento, giras, temporadas, etc).

            En América Latina, era difícil imaginar para un grupo de titiriteros, el poseer una sala de teatro propia y para funcionamiento exclusivo de la actividad titiritera, ya que desde la llegada de García Lorca con “La Tarumba” hace 50 años, siempre se orientó la actividad en la trashumancia. Es a partir de los 60, luego de un largo recorrido por los países socialistas, que Eduardo Di Mauro impulsa este nuevo esquema, formando y asesorando la instalación de una serie de espacios a lo largo de nuestro continente, con resultados muy positivos. Hoy son muchas las ciudades de América Latina que cuentan con salas estables de títeres: Tucumán, Rosario, Lima, Bogotá, Bucaramanga, Tunja, Barinas, Guanare, Caracas, Maracaibo, San Cristóbal, entre otras.

            La Sala Estable permite el desarrollo integral del titiritero, ya que en ella se tiene la posibilidad de experimentar efectos que posibiliten la creación de nuevas atmósferas teatrales, con diseños de planos lumínicos, digitalización de bandas sonoras, incorporación de escenografías móviles, etc. Del mismo modo, el pertenecer a un elenco estable, hace mayor el compromiso con la creación de una dramaturgia especializada, que enriquezca el material bibliográfico en materia de obras y textos específicos del arte de los títeres.

            Al igual que el banco para el hombre de negocios, el estadio para el deportista, la iglesia para el predicador, la escuela para el maestro, la Sala Estable es el derecho a existir del titiritero, ya que únicamente a través de ella se podrá crecer profesionalmente.

            Vivimos el inicio de un siglo indefinido, donde las utopías desaparecieron y vuelve la ley de la selva, haciendo cada día más ricos a los ricos y más pobres a los países que desde siempre aspiran al desarrollo, pero no se puede negar el hecho de que fue el experimento socialista el que produjo los diseños modernos de formación educativa, cultural y deportiva que hoy practica el mundo desarrollado.

            Fue la estructura socialista la que le dio un espacio al arte popular, entendiendo que solamente por medio de la sistematización del servicio cultural se lograría el anhelo de vincular al niño con el arte, cultivando su espíritu y predisponiéndolo a integrarse a la sociedad, sin complejos.

            Cientos de miles de niños de nuestro país están marginados del hecho cultural. La infraestructura no sólo no ha aumentado proporcionalmente con el crecimiento de las ciudades, sino que en la mayoría de los casos ha decrecido y lugares que alguna vez sirvieron para la actividad teatral, hoy son depósitos, lavanderías o cualquier otra cosa que resulte más lucrativa.

            Es responsabilidad del gobierno crear espacios, generar la apertura y puesta en marcha de Salas Estables que cumplan rigurosamente con temporadas de representaciones de títeres, que funcionen mancomunadamente con las escuelas, llevando periódicamente a grupos de niños al teatro en horario escolar y una vez allí, aprovechar su presencia para ofrecerles charlas, exposiciones, refrigerios, actividades de creatividad, expresión corporal, etc. Si los titiriteros queremos hacer un aporte al país, debemos entender nuestra misión, nuestra importante misión de aportar al crecimiento integral de nuestros niños.

            Existen en Europa, experiencias de gran importancia donde se trabaja en espacios recreativos para grupos de hasta 300 niños que pasan temporadas hasta de cinco días en contacto con las artes. Espacios equipados incluso con dormitorios, comedores, talleres de artes plásticas, salas de teatro, etc. Pero vivimos en Latinoamérica, donde aún no se termina de entender la importancia del sector cultural.

            Es tiempo de hacer esfuerzos. Si hasta ahora es poco lo que se ha avanzado en consecución de espacios, en gran parte se debe a los conflictos internos del gremio, donde muchas veces el empeño se pone más en obstaculizar proyectos ajenos que en poner a funcionar los propios. El movimiento titiritero debe madurar, buscando objetivos comunes que justifiquen el esfuerzo de luchar juntos con la idea de crecer y de ocupar un espacio de utilidad en una sociedad que exige menos conflictos y más aportes.

Reflexión

            Es difícil encontrar respuestas claras a nuestra problemática, cuando las interrogantes se refieren básicamente al abc de la profesión: ¿Cómo generar una dramaturgia del títere venezolano? ¿Cómo unir esfuerzos para dignificar nuestro accionar? ¿Cómo convocar con regularidad a un público esquivo de nuestra actividad?

            Cuenta Reynaldo Disla: “En las ferias de Santiago el Verde, viendo la obra “Los Cuentos de Don Friolera” y refiriéndose a la “Trigedia de los Cuernos de Don Friolera” del gran dramaturgo español Valle Inclán, reflexiona el clérigo hereje, don Estrafalario y nos dice: “Ese tabanque de muñecos sobre la espalda de un viejo prosero, para mi es más sugestivo que todo el retórico teatro español. Y no digo esto por amor a las formas populares de la literatura.” Fin de la cita.

            En “Los Cuentos de Don Friolera” de Valle Inclán, está la historia contada por el titiritero en tres páginas y para teatro en sesenta y ocho páginas. Este es un ejemplo contundente de la diferencia que existe entre el teatro de actores y el de títeres, nuestros retablillos, al igual que el de don Friolera, deben perseguir la síntesis, manteniendo intacta la claridad de lo que queremos expresar.

            Para hallar lo esencial de un personaje, de una historia, de un movimiento, hay que limpiar: reducir las acciones complejas a unos gestos simples que nos conduzcan a la intensidad y cuando hay intensidad hay un público atento, entrando en nuestra atmósfera y flotando en la poesía, sujetado por las metáforas que son los títeres.

            Propender al desarrollo, respondiendo interrogantes con la acción, no con palabras, requiere de la magia y del talento profundo de un Lorca, de un Valle Inclán, de un Javier Villafañe, que encontraron la síntesis y la claridad para crear personajes inmortales, requiere de un esfuerzo plagado de amor tesonero, que deje huellas y que no decline al menor obstáculo.

            Vivimos en una sociedad regida por la oferta y la demanda y muy bien saben los grandes empresarios cómo hacer para incluir en nuestras necesidades sus productos. Nosotros también debemos pensar en formas que nos ayuden a acrecentar la demanda de nuestros espectáculos ya que en una comunidad productiva y eficaz somos imprescindibles pero en una sociedad corrompida y mediocre, nadie nos necesita. Debemos ser creativos para ocupar el lugar que nuestro país requiere que ocupemos y debemos hacerlo con imaginación y osadía, buscando la misma síntesis y claridad que logramos cuando nos calzamos los títeres en las manos para hacer reír a los niños.

 

Valencia, 11 de junio de 2001

 

ddimauro@cantv.net

lapareja1@hotmail.com

Principal